Te ofrezco mi bazo como si fuera un corazón.
Te ofrezco quinientos euros.
Te ofrezco noches en vela en un banco duro
frente a las puertas selladas de un consultorio externo.
La emoción perdura mientras se deshace
la sustancia pétrea de la discordia.
Te ofrezco jeroglíficos sobre el polvo.
Te ofrezco un castellano perfecto.
Alejandro Rubio
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